Pese a no conseguir el pase a la final de Sevilla, los de Flick dejaron sobre la mesa varias evidencias que llegan en el momento idóneo.
Los contextos, en cambio constante y siempre peligrosos, quizás varían más en el fútbol que en cualquier otro deporte. Aún más en un club de la grandeza del Barça. Y ayer, el Camp Nou vivió una noche con circunstancias especiales. De esas que se le habían negado al culé desde hacía años, sin nada que pudiera hacer. Sin embargo, el exilio y el polémico ambiente generado en el estadio desde su reapertura quedaron atrás ante el más puro barcelonismo. Era la noche de congregarse, de que la magia acompañara a la orquesta culé en el césped. De nuevo, volvió la fe y el juego del director Flick, en el momento más necesario de su ‘sophomore year’.
El Barça no consiguió pasar la eliminatoria. El Atlético de Madrid hizo valer la desaparición blaugrana en el Metropolitano y, sin ninguna intención futbolística más allá de aguantar el resultado, resistió con físico y nerviosismo las estocadas de un equipo desbocado. De unos jugadores desvergonzados que volvieron a mostrar su eterno apego a los colores. Ver así a Pau Cubarsí va más allá del mero orgullo. A Marc Bernal que, más allá de sus dos tantos, se consagró definitivamente ante su público. Y a un Pedri que volvió a demostrar que es el elixir de la vida para este Barça. Sin él, el equipo se olvida de respirar. O lo que es lo mismo, de vivir.

La crudeza de la cercanía del milagro solo puede leerse de una manera: la convicción innata del Barça de Flick sigue intacta. Diversos precedentes no invitaban a pensar que fuera así, pero el extraordinario contexto de la noche en el Camp Nou lo dejó claro. ¿Cómo pensar que el dogma del germano no va a resurgir hasta lo más alto? Pase lo que pase, y en el contexto que sea, la buena noticia llega en el preludio al clímax. Era lo mejor que podía pasar. Aun con el triplete esfumado, la posibilidad de hacer historia vuelve a estar ahí. Las cartas no estarán echadas, pero esta era culé propone otro salto de fe a sus seguidores. Difícil no dejarse seducir por ello.
Coincido en que, pese a quedarse fuera de la final de Sevilla, el equipo de Flick mostró señales muy positivas. Esa intensidad en la presión alta y la madurez de los jóvenes del filial son justo lo que el Barça necesita para encarar las próximas semanas con confianza. El reto será mantener la regularidad cuando vuelvan los lesionados.
Coincido en que, pese a quedarse fuera de la final de Sevilla, el equipo de Flick mostró señales muy positivas. Esa propuesta de presión alta y la valentía para salir jugando desde atrás son justo el salto de fe que necesita este Barça para consolidar un proyecto a largo plazo. Veremos si Laporta y Pascual logran reforzar la plantilla para sostener esa idea.