En una rueda de prensa en la que parecía que todo estaba bien, Xavi Pascual y el Barça oficializaron su ruptura ante el barcelonismo.
A veces da la sensación de que poco o nada importa realmente. No existe un plan ni hay una necesidad de significado vital para continuar hacia adelante. Ayer, en la sala de prensa del Palau Blaugrana, hubo mucho de eso. Tras la confirmación de su salida, las declaraciones de Xavi Pascual se pueden interpretar de diversas maneras. Pero seguramente la desidia se adelante a las demás, en un adiós que certifica la deprimente situación en la que se encuentra la sección de baloncesto del Barça. Una que le da muy pocas razones al culé para seguir apoyando a su equipo. Sin embargo, hay sentimientos que van más allá. Y es que hasta cuando aparece esa apatía el amor sincero suele ser más poderoso que el resto de sentimientos.
La realidad es que hay motivos de sobra para el enfado generalizado hacia el club. Y no solo hacia los responsables principales de la sección, también para el que sigue siendo técnico del Barça. Xavi Pascual decidió volver al equipo de su vida pensando «más con el corazón que con la cabeza» para acabar despidiéndose para «no hacernos daño». El de Gavà prioriza su idea y modelo de gestión, que no ha encontrado en ningún momento en su segunda etapa en el Palau, sobre su amor al Barça. Habrá que esperar al juicio del barcelonismo en lo que resta de Liga Endesa, pero seguramente la figura de Pascual se enfrenta a su reto más duro.

Que el Barça no ha hecho lo suficiente para construir un equipo a la altura de su escudo no es ninguna novedad. Aun así, cuesta comprender la decisión de Pascual de dejar el club justo ahora, pese al mensaje de no hacer un estropicio mutuo con la institución. El Barça hizo un esfuerzo para devolver a Pascual al club, con aval incluido y promesas para hacer de la plantilla una de las más competitivas de Europa de nuevo. Y nadie le quita la razón a Pascual en las dificultades que se ha encontrado por el camino. Desde el reducido presupuesto culé a las lesiones no cubiertas con ninguna incorporación extra. Pero exactamente lo mismo les ocurrió a sus predecesores en el banquillo. Y por mucho que no deje de estar mal, era más que obvio que el verdadero proyecto no era esta temporada.
Este verano llegarán algunos fichajes bendecidos por Pascual, que entre su amor al Barça no ha encontrado la paciencia para, como mínimo, intentar construir algo que valiese realmente la pena. Ahora su cabeza viajará hasta Dubái, donde espera encontrar todo lo que su parte más racional no ha podido hallar en su casa. Aunque allí, entre las arenas de los Emiratos, el corazón quede aparcado de forma indefinida.

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