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El último tirón del hilo rojo

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Xavi Pascual y el Barça Basket descubrieron demasiado tarde que hay historias condenadas a no repetirse, por mucho que el destino insista en volver a unirlas

Hay personas destinadas a quererse. El tan conocido hilo rojo que une a dos personas antes incluso de que sepan de su existencia. El camino de la vida es simple: equivocarse y aprender hasta que llegue el momento idóneo para conocer a esa persona. Aun así, y por mucho que duela, ese fino hilo rojo no siempre acierta o aguanta las embestidas de la vida.

Desesperados, tendemos a creer entonces que nada volverá a ser como antes. Que aquello que nos había hecho tan felices no era más que una prueba para conocernos a nosotros mismos. Quizá era la persona adecuada, pero no el momento, o al revés. Pasado el tiempo, la herida empieza a cicatrizar y creemos que está todo curado. Sin embargo, el hilo rojo vuelve a llamar a la puerta, y embriagados por la ilusión, volvemos a abrir las puertas de par en par. Qué ilusos.

Pascual
Xavi Pascual en un tiempo muerto ante ASVEL. Fuent: F.C.Barcelona

Nada volverá a ser como antes

Soñar que todo volverá a ser como antes es también hipotecarse a un sentimiento. Idealizar momentos pasados por tal de que el presente no duela tanto. Y en este caso, eso tiene todo el sentido del mundo. La primera etapa de Xavi Pascual al frente del Barça Basket estuvo llena de alegrías, pero también de penas. Un ciclo que empezó de la mejor manera posible, con ligas, copas y la tan ansiada Euroliga, terminó con desdén, menosprecio e indiferencia.  El profeta del mejor Barça de la historia se marchó por la puerta de atrás, y eso nunca se olvida. Nueve años después, ese profeta volvía a la tierra prometida. El cielo prometía que esta vez las nubes no iban a ser tan negras, pero incluso las nubes más pacíficas también aguardan lluvias torrenciales.

La Euroliga del Barça en 2010.
La Euroliga del Barça en 2010. Fuente: FCB.

El principio de la nueva etapa de Pascual fue fulgurante. Las piezas encajaban de nuevo. El Palau Blaugrana recibía a sus aficionados en un ambiente de fiesta y alegría. Pero entonces, los fantasmas del pasado volvieron con sed de venganza. El Barça había burlado al destino. Se suponía que esta segunda etapa no debía suceder nunca. Ahora, tras una temporada llena de altibajos deportivos y personales, el Barça vive estancado todavía en lo que pudo ser. La cicatriz está más abierta que nunca, y no hay tiritas en el mundo capaces de arreglar aquello que nació roto. Solo queda una opción: dejar ir. No hay mayor acto de amor que aceptar que esa persona debe marchar.

Y quizá ahí reside la tragedia más cruel de todas: entender que el amor, por sí solo, nunca garantiza un final feliz. El Barça y Xavi Pascual se quisieron demasiado como para olvidarse, pero también demasiado como para sobrevivir intactos al paso del tiempo. Porque hay relaciones que dejan de pertenecer al presente en el mismo instante en que se convierten en recuerdo. El problema nunca fue volver. El problema fue creer que aún existía aquello a lo que regresar.

 

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Escrito por
Toni Solomando

Periodista deportivo apasionado por el Barça.

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