El Barça se jugará el pase a semifinales de la Champions, en el Metropolitano y con la obligación de remontar el resultado adverso de la ida.
Por el FC Barcelona, que no solo cree en darle la vuelta a la eliminatoria, sino que confía plenamente en ello. Poco queda ya de ese pesimismo intrínseco que imperaba en el sufrimiento casi permanente. La naturaleza culé ha cambiado para enorgullecerse e identificarse con una pandilla de jóvenes a los que han visto crecer. Como ese grupo de amigos del colegio llamado La Masía que se divierte en su particular recreo en la Ciudad Deportiva.
Por los futbolistas, que cantaron junto a la grada como hooligans, olvidándose de que vestían de corto y fundiéndose con un sentimiento de pertenencia. No con la intención de menospreciar al Espanyol, sino de recordar ese escudo que llevan tanto tiempo defendiendo en derbis de categorías inferiores. Eso es este Barça. Un ejemplo de entrega y compromiso hacia unos colores por parte de unos rebeldes que los aficionados sienten como suyos.
Por el Camp Nou, que no entendió de reproches; ni en Copa del Rey, ni en la ida de cuartos de final en Champions. Sino que se despidió con honores y poniendo en valor cada gota de sudor en la eliminación del torneo copero. Luego perdonó la mala suerte de Cubarsí en la carrera con Giuliano Simeone y levantó el ánimo de un Lamine Yamal que golpeó el suelo enfurecido. Mitigando el dolor de su estrella, que se exprimió regateando todo a su paso y lloró de impotencia.
Por esas lágrimas de todo el FC Barcelona, que el de Rocafonda derramó en el Giuseppe Meazza después de tener el empate en sus botas la temporada pasada. Siendo el mejor contra el Inter de Milán en ambos encuentros, pero sin consuelo alguno. Aprendido, fortalecido y con solo 18 años, asume el papel de líder con una personalidad y seguridad arrolladoras. Con una oportunidad para reclamar ese Balón de Oro que se escapó por los pelos y le pertenece.
Por Raphinha, que no estará sobre el césped, pero empujará como capitán. Espoleando a Olmo o Rashford, ejerciendo sus funciones como extremo izquierdo, remando en una misma dirección; la remontada. A base de los goles que un Ferran Torres en racha ha demostrado que sabe hacerle al Atlético de Madrid. Y sino, con la experiencia del Lewandowski de las grandes noches europeas. Empujado por el ímpetu de su amigo Gavi o la garra de Fermín.
Por Flick, que deberá retrasar a Eric García junto a Gerard Martín, mientras Cubarsí viajó para apoyar de cerca. El de Martorell le cederá el lateral derecho a Koundé y Cancelo repetirá en la izquierda. El técnico alemán ha recuperado a Bernal y Frenkie De Jong para que uno de los dos acompañe a Pedri en la medular. Armando ese equipo que contará con el salvador Joan García, el comodín rematador de Araújo y la verticalidad de Balde.

Por un destino que buscará romper la racha de Simeone, que nunca ha perdido ningún partido de eliminatoria como local en la máxima competición continental. Por la sexta Champions, que lleva resistiéndose una eternidad a base de varapalos y decepciones mayúsculas. No hay mejor ocasión que remontar contra el resultado y los precedentes. Logrando un hito que el FC Barcelona no consigue desde 1966, cuando levantó un 0-1 con el Zaragoza en la Copa de Ferias. Es decir, la última vez que el Barça solventó una eliminatoria tras perder en casa.
Por y para la historia.

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