El Barça desmantela al Feyenoord (5-1) en su estreno europeo y vuelve a reivindicar su eléctrico estilo de juego bajo un muro de lluvia.
Entre alarmas de diluvio, el Barça mostró su particular aluvión. La tremenda cortina de agua que cayó en el Camp Nou nada más arrancar el partido ante el Feyenoord precedía a la perfección lo que iba a ocurrir en los siguientes minutos. También lo que este equipo inspira ahora mismo. No importa que hubiera cinco cambios en el once inicial. El juego torrencial de los de Flick dejó claro que la competencia interna es seguramente el mayor aliciente para que el Barça siga marcando este ritmo encuentro tras encuentro. Uno que vuelve a avisar a toda Europa de que viejas pesadillas quedaron atrás.
De esa pared caída del cielo emergió el máximo exponente de lo que representa este Barça. Raphinha, de nuevo ignorado en las votaciones del Balón de Oro, volvió a hablar en el campo. En una jugada de calidad nata, el brasileño recogió un balón ofrecido por Lamine, su compañero de mil batallas. A partir de ahí, la magia del verso libre de Flick: se deshizo de dos defensas del Feyenoord como si hubiera soplado dos velas, con un recorte perfecto, para definir posteriormente a placer ante Ernst. Fue a los tres minutos de juego, con un Camp Nou medio vacío por el aguacero, pero Raphinha no escatimó por ello en su cita con la precocidad goleadora.

Tras la salida fulgurante, el Barça no se quedó ahí. Siguieron los minutos posteriores con el juego eléctrico que caracteriza a la mejor versión de los azulgranas. La velocidad de la pelota, con la ayuda del agua en el verde, fue diabólica. Tampoco es que hiciera falta una tromba para ello, teniendo en cuenta el inicio liguero que precedía al partido de hoy. No le hizo falta a Adeyemi, que en esos se sacó un disparo desde fuera del área que acabó por perforar la portería. Lo hizo con su teórica pierna mala, la derecha, en una nueva demostración del acierto de su fichaje.
El partido también dio nuevas muestras de la eterna debilidad defensiva de este Barça. Una que, a falta de verse con los grandes titanes, resiste a nivel estadístico (3 goles encajados en 5 partidos), pero deja momentos dubitativos en ciertos compases del juego. Pero eso no es ninguna novedad, el proyecto de Flick vive y muere por este estilo. Raphinha, su capitán, se encargó de certificar eso con un nuevo gol para enmarcar. Esta vez, con uno de esos pases milimétricos de Pedri y con muchas más miradas pasada la tormenta. El ‘9’ perfecto estaba en casa desde hacía años.
Como pincelada final, y no una cualquiera, Lamine dio su particular recital. En los últimos tres partidos se ha encargado de dejar claro que sí está. Está, entre otras cosas, para que el Camp Nou se vuelva a levantar con un tanto de falta disparado con la zurda. Y para ofrecer sus servicios al equipo, como a un Gabriel Jesus al que le entregó un dulce centro que el brasileño no dudó en aprovechar para estrenarse como azulgrana y cerrar la manita culé. Verdaderamente complicado para el Barça no pensar en grande.

Que bueno poder leer artículos tan buenos!