Raphinha volvió a encender al Barça, Dani Olmo firmó un doblete y Pedri cambió el ritmo en una tarde necesaria para olvidar Stamford Bridge
El FC Barcelona necesitaba un partido así. Después del golpe anímico en Stamford Bridge, el conjunto de Hansi Flick reencontró parte de su identidad y cerró una tarde balsámica en el segundo partido desde el regreso al Spotify Camp Nou. Superando al Alavés por 3-1 con un fútbol más reconocible y, sobre todo, con sensaciones de recuperación colectiva.
Un inicio inesperado que puso a prueba la confianza
La tarde no empezó bien. Con las ausencias de Ronald Araujo y Frenkie de Jong de última hora, Flick apostó por una alineación atrevida: Marc Bernal y Casadó en el doble pivote, Gerard Martín acompañando a Eric García atrás, y un tridente ambicioso Lamine–Lewandowski–Raphinha.
La sorpresa llegó en el primer minuto: un córner mal defendido acabó con Pablo Ibáñez adelantando al Alavés y helando al Camp Nou. Era el peor escenario posible tras la decepción europea, pero el Barça no se descompuso. Flick lo avisó tras Londres: “El equipo está bien, fue un accidente”. Y esta vez tenía razón.

Raphinha vuelve como si nunca se hubiera ido
La reaparición del brasileño fue un soplo de aire fresco. Raphinha interpretó los espacios, atacó la profundidad y estiró al equipo como nadie lo había hecho durante su ausencia. En una de esas rupturas, asistió a Lamine Yamal, que apareció desde segunda línea para empatar el choque con la madurez de un veterano.
El Barça creció. Sin arrollar, pero sí controlando, llegando y acumulando argumentos ofensivos. Y otra vez Raphinha activó la jugada del segundo gol: desmarque, pase atrás quirúrgico y Dani Olmo, impecable, empujó el balón para completar la remontada.
A pesar del dominio azulgrana, el Alavés no renunció a incomodar. Hubo momentos de dudas defensivas y una ocasión clarísima que muchos en la grada visitante ya celebraban como gol… hasta que apareció Joan García, felino, para sacar una mano imposible y evitar el 2-2. Una parada que cambia partidos.
Antes del descanso, el Camp Nou rozó el tercero: Lamine dejó atrás a Sivera, pero se quedó sin ángulo y su disparo se estrelló en el palo.

Pedri entra y el Barça respira diferente
La segunda mitad fue más plana. El Barça controló el balón, pero sin mordiente ni profundidad. El partido pedía otra energía… y la trajo Pedri González. Su entrada cambió el ritmo: más velocidad, más claridad, más sentido. Cada vez que el canario tocó el balón, el Camp Nou despertó.
Con el Barça más suelto, Dani Olmo aprovechó otro balón en el área para firmar su doblete y sentenciar el encuentro. El 3-1 liberó a Flick, al equipo y a una afición que necesitaba una tarde sin sobresaltos.

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