El conjunto azulgrana encadena seis victorias consecutivas y empieza a asimilar los automatismos del entrenador esloveno.
El Barça de Aleksander Sekulic empieza a parecerse a lo que pretende ser. Después de un inicio de temporada irregular, con una plantilla prácticamente reconstruida y muchas piezas todavía por encajar, los azulgranas han encontrado una dinámica que invita al optimismo. Seis victorias consecutivas entre Liga Endesa y Euroliga, la última de prestigio ante el Hapoel Tel Aviv (90-93), confirman que el nuevo proyecto comienza a carburar.
La identidad ofensiva del Barça es cada vez más reconocible. Sekulic quiere un equipo que juegue rápido, que aproveche las primeras ventajas y que no necesite consumir demasiados segundos para encontrar una buena situación de tiro. Las posesiones cortas y los marcadores elevados se han convertido en una constante. Así, el Barça ha superado los 90 puntos en varios de sus últimos compromisos y empieza a entender cuándo acelerar y cómo aprovechar el talento individual de su plantilla.

Los tres mosqueteros
En una plantilla con once incorporaciones, la continuidad de Kevin Punter, Darío Brizuela y Joel Parra está adquiriendo un valor especial. Los tres son el puente entre el Barça de la temporada pasada y el nuevo proyecto, pero también sus principales referentes sobre la pista.
Punter aporta liderazgo, capacidad anotadora y experiencia en los momentos calientes. Brizuela está encontrando cada vez más protagonismo, como demostró en Málaga y, especialmente, en Sofía, donde sus 22 puntos resultaron decisivos. Parra, por su parte, representa el esfuerzo, la energía y la capacidad para competir en diferentes posiciones. Su importancia va más allá de los números: los tres están ayudando a integrar a un grupo prácticamente nuevo.
Robinson y Nebo, dos piezas determinantes
Entre las nuevas incorporaciones, Justin Robinson se ha convertido en una de las grandes noticias. Su velocidad, capacidad para romper defensas y facilidad para generar ventajas encajan perfectamente con el baloncesto que quiere Sekulic. El estadounidense ofrece una alternativa de creación que permite al equipo mantener el ritmo incluso cuando Punter descansa.
También resulta fundamental la presencia de Josh Nebo. El Barça necesitaba un pívot capaz de dominar físicamente la pintura, proteger el rebote y ofrecer una referencia interior fiable. Su impacto se aprecia especialmente en la Euroliga, donde su presencia permite competir mejor contra las principales torres del continente. Su capacidad para cerrar el rebote y generar segundas oportunidades aporta un equilibrio que el equipo echó en falta durante el inicio de curso.

Un equipo todavía en construcción
El crecimiento no esconde las asignaturas pendientes. Las desconexiones defensivas, los problemas para contener los parciales rivales y ciertos momentos de relajación siguen apareciendo con demasiada frecuencia. Ante el Unicaja y Hapoel, el Barça tuvo que remontar desventajas importantes y, pese a llegar con opciones de cerrar los encuentros, permitió que ambos rivales volvieran a meterse en el partido.
La aportación del resto de las nuevas piezas también está siendo importante para sostener las rotaciones y repartir responsabilidades. Y si bien es cierto que todavía falta continuidad, el esfuerzo colectivo empieza a dar sus frutos y, más allá de Robinson y Nebo, las demás piezas empiezan a encajar con el paso de las semanas. El camino será muy largo, pero la realidad es que, por primera vez, este nuevo Barça empieza a funcionar como un equipo.

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