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El dedo que señala la luna

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Al Barça le viene bien que una parte del madridismo siga viendo en los árbitros y en el caso Negreira la explicación de casi todo. Si la discusión termina ahí, los problemas que sí puede controlar el Real Madrid reciben menos atención

Hay una frase conocida: cuando el sabio señala la luna, el necio mira el dedo. No necesitamos discutir quién es el sabio ni quién es el necio para entender la idea. A veces ponemos tanta atención en lo que tenemos delante que dejamos de ver lo que realmente importa.

En el entorno del Real Madrid, desde hace tiempo, muchos señalan en una dirección muy concreta. El arbitraje. El VAR. Negreira. La Federación. El criterio. El “me tienen manía”. Una jugada aquí, otra allá. La conversación termina demasiadas veces en el mismo lugar, tanto en los medios cercanos al club como en parte de la afición.

Ahí empieza el problema para el Madrid. Y ahí empieza también el beneficio para el Barça.

Florentino Pérez en la rueda de prensa

Una respuesta para cada pregunta

Un árbitro puede cometer un error. Una decisión puede perjudicar al Real Madrid. Puede haber partidos con razones de sobra para protestar. Nada de eso debería impedir que después se hagan las preguntas que solo dependen del propio equipo.

¿Por qué cuesta controlar ciertos partidos? ¿Qué mecanismos funcionan y cuáles no? ¿Qué jugadores están rindiendo por debajo de lo esperado? ¿Qué decisiones del entrenador funcionan? ¿Dónde necesita mejorar la plantilla?

Son preguntas bastante menos cómodas porque obligan a buscar respuestas dentro.

El arbitraje, en cambio, permite desplazar rápidamente la conversación hacia fuera. El partido deja de ser lo más importante y, durante los días siguientes, se habla de una decisión, una captura de pantalla, una impresora portátil, una intervención del VAR o un precedente de hace meses.

Para el Barça, pocas cosas pueden resultar más cómodas que eso.

No se trata de decir que las decisiones arbitrales no deban revisarse. Tampoco de pedirle al madridismo que deje de protestar cuando cree que tiene motivos. El problema aparece cuando esa protesta se convierte en la explicación principal de casi cualquier cosa que sucede.

Si el diagnóstico es equivocado, las soluciones también llegan tarde.

El refugio del agravio

El agravio tiene una gran ventaja en el fútbol: da respuestas simples.

Si pierdes por culpa del árbitro, no hace falta revisar mucho más. Si la competición está manipulada, el problema deja de ser tu equipo, tu planificación o tu entrenador. Si cada decisión discutible forma parte de algo mayor, el análisis futbolístico puede esperar.

Y cada día que lo dejan para después es tiempo que ganamos nosotros.

La cuestión no es si el Madrid tiene derecho a protestar, aunque a estas alturas la frase pueda sonar casi cínica. Claro que puede hacerlo. La cuestión es qué ocurre cuando esa protesta se convierte en la respuesta para todo.

Si cada derrota, cada expulsión o cada distancia en la clasificación termina explicándose desde fuera, los problemas de dentro siguen esperando.

Ahí está el verdadero riesgo. Una conversación acaba ocupando el lugar de la otra.

Una cosa es quejarse por una decisión arbitral. Otra, utilizarla para explicar cómo juega un equipo. Una cosa es pedir respuestas sobre Negreira. Otra, convertir Negreira en la explicación automática para cada derrota, cada expulsión o cada diferencia en la tabla.

Cuanto más espacio ocupa esa conversación, menos queda para preguntarse qué puede mejorar el Madrid por sí mismo.

vinicius en el banquillo
Vinicius en el banquillo

Que sigan mirando el dedo

Desde aquí no hace falta entrar demasiado en esa discusión. El Barça tiene suficiente con seguir jugando como lo está haciendo, crecer como equipo y obligar al rival a perseguirle también fuera del marcador.

Mientras una parte del madridismo busca fuera la explicación de sus problemas, el foco se aleja de aquello sobre lo que el club blanco sí puede actuar de inmediato: el juego, las decisiones del entrenador, la construcción de la plantilla o el rendimiento de sus futbolistas.

Esa es la ventaja.

El Real Madrid debería tener recursos más que suficientes para detectar sus problemas y corregirlos. Precisamente por eso, al Barça le conviene que tarde lo máximo posible en colocarlos en el centro de la conversación.

No hay que convencer al madridismo de nada. Tampoco discutir cada acción cada semana. No hace falta responder a cada vídeo, cada portada o cada acusación.

Que el debate siga girando alrededor del dedo.

La luna seguirá ahí.

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Escrito por
Àlex Compte

Estudiant de Màster en Periodisme i Comunicació Esportiva a UniSport.

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