El inicio arrollador del Barça no se explica sin algunas diferencias tácticas que ha implementado Hansi Flick
El parón de selecciones ha llegado a su fin después de casi tres semanas. Eso implica que este fin de semana vuelve el fútbol de clubes, y con eso, el FC Barcelona. El equipo dirigido por Hansi Flick ha empezado como un tiro en estos dos primeros meses de competiciones oficiales. Pleno de victorias tanto en Liga como en Champions y 36 goles a favor en ocho partidos oficiales. Este Barça apabullante no lo sería sin los matices tácticos que ha instaurado el técnico germano. Àlex Delmàs lo ha explicado en el programa Què t’hi jugues? de SER Catalunya.

De las tres ‘P’ a las dos ‘P’
Las tres ‘P’ eran posesión, presión y posición. La posesión y la presión siguen siendo incuestionables, pero el juego de posición ha perdido importancia en el propósito de Flick. En estos primeros compases de temporada, el Barça es un equipo impredecible. El intercambio constante de posiciones dota de dinamismo al conjunto de Hansi Flick. Esta temporada, el conjunto culer recorre 104,6 km de media por partido, frente a los 97 y 92 de los dos cursos anteriores, apunta Delmàs.
Más búsqueda de la profundidad
Este intercambio de posiciones constante hace que el Barça no juegue tan al pie. Flick busca que sus jugadores ocupen los espacios haciendo desmarques de ruptura al espacio. La temporada pasada, con un juego más posicional sin tantos desmarques, la fase de ataque se volvía más predecible para las defensas rivales, y sabían cómo actuar.
Por contra, esta temporada las innumerables rupturas no dejan respirar al rival y hacen que tengan que estar pendientes de muchas cosas a la vez. La aparición de Raphinha como ‘9’ y los fichajes de Gordon y Adeyemi convierten a este Barça notablemente más peligroso a la espalda de la defensa. Este aspecto lo corrobora Àlex Delmàs con las estadísticas: el Barça de la 2026-2027 hace siete pases al espacio por partido, mientras que en las dos temporadas anteriores solo hacía tres.
Presión más efectiva
Una de las carencias palpables del Barça de la temporada pasada era la presión tras pérdida que tenía. El equipo presionaba mal y se desarbolaba con mucha facilidad, por lo que los espacios en la defensa surgían constantemente. Esto provocaba que el equipo fuese defensivamente muy frágil y los rivales generasen ocasiones claras con una comodidad pasmosa. Ahora, con Raphinha como referencia en la presión, el equipo va más ordenado a la presión y recupera más y con más facilidad en campo contrario. Esta temporada el Barça juega únicamente el 23% del tiempo en el tercio propio de campo, frente al 25% de la pasada campaña. El dato que ratifica que la presión es mejor que la del año pasado es que el Barça obliga al rival a jugar 52 veces en largo de media por partido, mientras que el año pasado eran 36. Esta cifra demuestra cómo de asfixiante es la presión azulgrana.
Sin dudar en las transiciones
Cuando el FC Barcelona encuentra los espacios en transición, no contemporiza y corre para aprovecharlos al máximo. El ímpetu de querer aprovechar estas ocasiones hace que el Barça llegue con mucha gente en transición. «Este año el Barça llega con los tres delanteros más uno que llega de segunda línea», dice Delmàs. También se multiplican los contraataques azulgranas: este año el Barça firma 2,6 contraataques por partido, casi duplicando los 1,36 y 1,3 de las dos anteriores campañas.
Menos juego de posición, más verticalidad y más intensidad. Así se resume este nuevo Barça de Hansi Flick, que pasa por encima de todo aquel que se le pone delante. Queda por saber si el Barça podrá mantener este ritmo cuando lleguen los últimos meses de temporada.

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