El 24 de septiembre de 1957 el Barça estrenó un estadio pensado para mirar al futuro. Antes, el franquismo había frustrado la intención de dedicarlo a Joan Gamper. Sesenta y nueve años después, aquella estructura sigue siendo el punto de partida del nuevo Espai Barça
El 24 de septiembre de 1957, día de la Mercè, Barcelona estrenó una nueva casa para el Barça. Les Corts se había quedado pequeño para un club que crecía en socios, seguimiento y ambición, y el nuevo estadio nacía con capacidad para algo más de 99.000 espectadores. No tardó demasiado en perder su condición de simplemente nuevo. Acabó siendo el Camp Nou.
Francesc Miró-Sans había llegado a la presidencia con la construcción del estadio como uno de sus grandes proyectos. El diseño quedó en manos de Francesc Mitjans, Josep Maria Soteras y Lorenzo García-Barbón, que estudiaron algunos de los principales campos del mundo antes de definir el proyecto barcelonista. Mitjans viajó por Europa y Sudamérica y analizó soluciones utilizadas en Helsinki, Berlín, Turín, Roma o Río de Janeiro.
Pero antes de convertirse en Camp Nou, aquel estadio estuvo cerca de llevar otro nombre.

El estadio que el franquismo no dejó llamar Joan Gamper
Estadi Joan Gamper no fue una ocurrencia aparecida décadas más tarde. Miró-Sans utilizó la denominación durante su campaña electoral de 1953 y la prensa barcelonesa llegó a tratar como probable que la nueva casa llevara el nombre del fundador del club.
La opción se encontró con las autoridades franquistas. En octubre de 1955, el general José Moscardó, entonces delegado nacional de Deportes, envió una carta privada a Miró-Sans para hacerle saber que debía abandonar aquella idea. La Vanguardia publicó el documento en 2007, después de décadas en las que aquel episodio había quedado prácticamente fuera del relato público sobre la construcción del estadio.
El propio Barça explica que las autoridades franquistas se opusieron al nombre por la vinculación de Gamper con el catalanismo. Su figura reunía además varios elementos incómodos para el régimen: era suizo, protestante y había presidido el club durante algunos de sus episodios de mayor identificación con la sociedad catalana. Después de la intervención de Moscardó, las referencias al futuro «Estadio Joan Gamper» fueron desapareciendo.
El campo abrió finalmente como Estadio del CF Barcelona. La afición hizo el resto: era el campo nuevo que sustituía Les Corts y, de forma natural, empezó a llamarlo Camp Nou. En 1965, una consulta entre los socios mantuvo oficialmente el nombre Estadio del CF Barcelona; «Estadio Joan Gamper» quedó tercero, con 9.389 votos. No fue hasta 2001 cuando el club convirtió oficialmente Camp Nou en su nombre, después de que un 68,25% de los socios participantes apoyara la denominación popular.

Un estadio adelantado a su tiempo
El Camp Nou de 1957 no intentaba impresionar mediante una gran fachada cerrada. Su modernidad estaba en cómo se veía el fútbol y cómo se movían decenas de miles de personas por el edificio.
El terreno de juego se hundió respecto al nivel de la calle para reducir el desnivel que debía superar el público. Las graderías se diseñaron siguiendo curvas que acercaban al espectador al césped y las visuales se calcularon para reducir obstáculos entre cada asiento y el terreno de juego. El proyecto completo contemplaba tres graderías superpuestas, aunque la primera fase inaugurada en 1957 se construyó con las dos primeras.
Otro de sus elementos más atrevidos era la cubierta de Tribuna. El proyecto planteó una marquesina con un vuelo de unos 40 metros, contrapesada mediante la propia estructura de las rampas, una solución técnicamente poco habitual en el Estado Español de finales de los cincuenta. Los arquitectos tampoco escondieron el esqueleto del estadio: hormigón, rampas y movimiento de espectadores formaban parte de su imagen exterior.
También se pensó mucho en algo menos vistoso pero indispensable en un recinto de aquellas dimensiones: la circulación. Numerosos núcleos verticales y pasarelas continuas distribuían al público y facilitaban la evacuación. El espectador estaba en el centro del proyecto, no como una frase publicitaria, sino como criterio arquitectónico.

La tercera gradería que cambió la silueta del estadio
El Camp Nou que se inauguró en 1957 no era todavía el que varias generaciones acabarían reconociendo desde fuera. La primera fase se levantó únicamente con las dos primeras graderías y no fue hasta 1982, con motivo del Mundial de España y bajo la presidencia de Josep Lluís Núñez, cuando se completó la gran ampliación con la tercera gradería. El proyecto volvió a contar con Francesc Mitjans y Josep Maria Soteras, acompañados por Juan Pablo Mitjans y Francisco Cavaller. La ampliación modificó de forma notable la silueta del estadio, integró las grandes rampas de la fachada este dentro del nuevo volumen y elevó el aforo hasta alrededor de 115.000-120.000 espectadores, según las distintas fuentes del propio club. A partir de entonces, el Camp Nou adquirió buena parte de la imagen monumental con la que llegaría hasta el siglo XXI.
Eulogio marcó el primero
La pelota empezó a rodar aquella misma tarde del 24 de septiembre. El rival fue una selección de Varsovia y 99.059 espectadores asistieron al estreno. El Barça ganó 4-2.
El primer gol de la historia del estadio fue obra de Eulogio Martínez, a los diez minutos. Lucjan Brychczy empató apenas un minuto después y Tejada, Sampedro y Evaristo completaron la victoria azulgrana. El primer once que pisó el nuevo césped estuvo formado por Ramallets, Olivella, Brugué, Segarra, Gràcia, Gensana, Basora, Kubala, Eulogio Martínez, Tejada y Manchón.
El fútbol oficial tuvo que esperar hasta el 6 de octubre de 1957. El Real Jaén fue el primer visitante en Liga y salió goleado por 6-1. Villaverde anotó el primer gol oficial del Barça en el estadio, antes de que Tejada, Kubala y Eulogio Martínez completaran una tarde que empezó a convertir aquel edificio nuevo en un campo de fútbol de verdad.
Cruyff cambia el rumbo
Escoger los mejores momentos de casi siete décadas implica dejar demasiados fuera. Pero hay tardes que explican por sí solas diferentes generaciones del Barça.
Una de ellas llegó el 28 de octubre de 1973. Johan Cruyff llevaba semanas esperando el permiso para debutar oficialmente y encontró al Barça en una situación delicada en la Liga. El Granada visitó un Camp Nou con unos 100.000 espectadores y el neerlandés respondió con dos goles en el 4-0.
Aquel partido fue el inicio de 26 jornadas sin perder y de una temporada que acabaría con el Barça campeón de Liga. La relación entre Cruyff y el estadio apenas acababa de empezar.
Veinte años después, Johan estaba en el banquillo cuando su Dream Team firmó otro de los partidos que todavía se cuentan en las gradas. El 8 de enero de 1994, el Barça ganó 5-0 al Real Madrid. Romário marcó tres, Koeman otro e Iván Iglesias cerró la goleada. La cola de vaca del brasileño antes del primer tanto quedó como una de aquellas jugadas que necesitan muy poco contexto para que un culer sepa de qué se está hablando.
El primer gol de Messi
El 1 de mayo de 2005, el Camp Nou vio empezar otra historia. Leo Messi entró en los últimos minutos contra el Albacete, recibió una pelota picada de Ronaldinho y superó al portero con una vaselina. Tenía 17 años y era su primer gol oficial con el primer equipo.
Hubo un primer intento prácticamente idéntico que fue anulado por fuera de juego. Messi repitió la jugada poco después y esta vez sí subió al marcador. Fue el primero de los goles de un futbolista que acabaría convirtiendo aquel césped en su escenario habitual.
Cinco años después, el estadio presenció una de las mejores noches del Barça de Guardiola. El Madrid de José Mourinho llegó al Camp Nou el 29 de noviembre de 2010 y se marchó con un 5-0: Xavi, Pedro, Villa por partida doble y Jeffren firmaron los goles.
La noche en la que todo parecía imposible
Si hay una noche moderna en la que grada y equipo terminaron mezclándose hasta resultar difícil explicar dónde empezaba uno y acababa el otro, fue el 8 de marzo de 2017.
El Barça volvía de París con un 4-0 en contra. Marcó tres, Edinson Cavani hizo el 3-1 y la eliminatoria parecía terminada. Neymar anotó dos tantos entre el minuto 88 y el descuento. Faltaba uno.
En el 95, Sergi Roberto apareció detrás de la defensa para tocar el envío de Neymar y hacer el 6-1. El Barça completaba una remontada que nunca se había producido de aquella manera en la Champions. La carrera descontrolada de los jugadores, Messi subido a la valla delante de la grada y el estadio entero perdiendo cualquier orden posible hicieron el resto.

Cuando ellas llenaron el Camp Nou
El estadio también vivió en 2022 dos noches que ampliaron quién podía escribir su historia.
El 30 de marzo, 91.553 personas asistieron al Barça-Real Madrid de cuartos de final de la Champions femenina. Era entonces un récord mundial de asistencia a un partido de fútbol femenino. Duró 23 días.
El 22 de abril, el Barça Femení recibió al Wolfsburg en las semifinales y reunió a 91.648 espectadores. El equipo de Jonatan Giráldez ganó 5-1 y volvió a superar el récord. La imagen de un Camp Nou lleno para ver a Alexia, Aitana, Patri, Graham y compañía dejó de plantear el fútbol femenino como una excepción dentro del estadio. También era su casa.
Un hasta luego antes de las obras
El 28 de mayo de 2023, el Barça jugó contra el Mallorca el último partido en el estadio antes de entrar en la gran fase de transformación del Espai Barça. Ganó 3-0, con dos goles de Ansu Fati y uno de Gavi, ante 88.775 espectadores.
Aquella noche también fue la despedida del Camp Nou para Sergio Busquets y Jordi Alba como jugadores del Barça. Después llegaron las máquinas, el traslado temporal a Montjuïc y una obra que ha cambiado buena parte de la fisonomía conocida del recinto.
El equipo ya ha empezado a recuperar progresivamente su casa, pero el proyecto todavía no está terminado. Y parte de lo que queda bajo las nuevas estructuras sigue siendo el estadio de Mitjans, Soteras y García-Barbón.
El viejo Camp Nou dentro del nuevo
Hay un vínculo físico entre 1957 y el estadio que el Barça está levantando ahora. La segunda gradería original se ha conservado por su valor patrimonial y ha necesitado muchas más actuaciones de refuerzo de las previstas inicialmente: el club cifra en más de 3.000 las intervenciones realizadas, frente a unas 800 calculadas al comenzar el proyecto.
El futuro Spotify Camp Nou tendrá capacidad para casi 105.000 personas, toda la grada quedará cubierta por una estructura tensada de unos 48.000 metros cuadrados y habrá una doble anilla VIP entre la segunda y la tercera gradería. El proyecto mantiene la idea de un estadio abierto y mediterráneo y plantea un entorno más permeable hacia el barrio, con amplias zonas peatonales y ajardinadas.
También cambia su función económica. Hospitality, museo, restauración, patrocinio, ticketing y nuevos usos comerciales deben permitir que el recinto genere actividad más allá de los días de partido. El Barça vincula una parte importante de sus ingresos futuros a ese modelo.

Las obras, sin embargo, han necesitado más dinero y más tiempo de lo previsto. La Asamblea de compromisarios aprobó el pasado 19 de septiembre 510 millones de euros de nueva financiación: 300 millones para completar el Spotify Camp Nou y otros 210 millones mediante dos emisiones respaldadas por futuros ingresos audiovisuales.
Han pasado 69 años desde aquel Barça-selección de Varsovia. El estadio que no pudo llamarse Joan Gamper vio debutar a Cruyff, crecer a Messi, caer al Madrid por cinco, remontar seis goles al PSG entre ida y vuelta y llenar sus gradas para ver al Barça Femení.
Ahora vuelve a cambiar. Debajo de la cubierta, de los nuevos accesos y de las zonas que todavía están por terminar seguirá quedando una parte del hormigón de 1957. El Camp Nou ha pasado casi siete décadas acumulando recuerdos. El nuevo todavía tiene que empezar a fabricar los suyos.

Deja un comentario