El Barça ha vivido uno de los veranos más importantes de los últimos tiempos, especialmente en la reestructuración de la delantera.
El mercado de fichajes de este verano ya es historia y deja una sensación difícil de esconder en Can Barça: el club azulgrana ha hecho, en líneas generales, un trabajo sobresaliente. Deco ha conseguido transformar buena parte de la plantilla, reforzar posiciones importantes y, sobre todo, dotar a Hansi Flick de más recursos para afrontar una temporada en la que el objetivo volverá a ser competir por todo. El Barça ha invertido más de 180 millones de euros, pero también ha generado ingresos importantes con las salidas (alrededor de 100 millones para las arcas culés).
Las grandes operaciones explican buena parte del buen trabajo de la dirección deportiva. Anthony Gordon aporta velocidad, desborde y una capacidad para atacar espacios que cambia las posibilidades del ataque azulgrana. Además, su presión en ataque y profesionalidad están siendo omnipresentes en todas sus apariciones. Karim Adeyemi, por su parte, añade todavía más verticalidad y amenaza al espacio. Dos perfiles diferentes, pero complementarios, que permiten a Flick imaginar un Barça mucho más imprevisible.

Y por encima de todos aparece Rodri. El internacional español no solo eleva el nivel del centro del campo, sino que aporta experiencia, liderazgo, equilibrio y capacidad para controlar los partidos. Su llegada, además, permite cubrir la salida de Marc Casadó con un futbolista de primerísimo nivel y convierte la medular en una de las grandes fortalezas de la plantilla.
Preguntas sin respuesta
El sobresaliente, sin embargo, tiene un par de interrogantes. El primero responde al nombre de Gabriel Jesus. Su incorporación por unos diez millones de euros más variables representa una oportunidad de mercado y permite añadir un delantero con experiencia y polivalencia, pero también existen dudas sobre su rendimiento reciente. El brasileño apenas tuvo continuidad en el Arsenal la pasada temporada y llega con la misión de recuperar una versión que hace tiempo que no muestra de manera regular.
El segundo, inevitablemente, es Julián Álvarez. El Barça ha terminado el verano sin conseguir al delantero que durante semanas fue su gran prioridad. El Atlético de Madrid se negó a negociar y el argentino continuará en Madrid. Quizás el culebrón termine convirtiéndose en un ‘Nico Williams 2.0’: meses de negociaciones, una enorme expectativa y, finalmente, un fichaje que nunca llega. Sin embargo, su no llegada puede acabar siendo para el beneficio del equipo en un futuro no demasiado lejano.

Y queda una última carencia: el central zurdo. La salida de Ronald Araújo cedido al Liverpool y la necesidad de contar con un defensor zurdo natural dejaban una oportunidad para reforzar la zaga que finalmente no se aprovechó. La dirección deportiva priorizó otras posiciones, pero la ausencia de ese perfil puede convertirse en un problema cuando lleguen los partidos de máxima exigencia o si las lesiones atacan al Barça atrás. Es seguramente la incógnita más grande que deja un mercado culé que, pese a las dudas por resolver, acaba con un balance que invita al optimismo.

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