En un partido complicado para el Barça, Hansi Flick volvió a demostrar que es uno de los mejores entrenadores del mundo, siendo decisivo con los cambios
Hansi Flick dio con la tecla en Cornellà. El derbi arrancó con un Espanyol superior, intenso y dominante, y con un Barça que no encontraba el camino. La apuesta inicial del técnico alemán fue arriesgada. Un solo centrocampista puro, Frenkie de Jong, rodeado por cuatro atacantes como Rashford, Ferran, Lamine y Raphinha. Esta decisión dejó un mediocampo demasiado expuesto ante la presión blanquiazul. De Jong firmó un partido de los suyos, mediocre y sin trascendencia en el juego. De hecho, Eric García fue mucho más protagonista con y sin balón a pesar de conseguir imponerse al centro del campo de los pericos.
La clave estuvo en el descanso. Flick leyó el partido, aceptó que su plan inicial no funcionaba y actuó con valentía. Sus cambios fueron tan profundos como decisivos. La entrada de Pedri, Fermín y Dani Olmo, acompañando a De Jong, solidificó el centro del campo y cambió por completo el guion. El Barça empezó a combinar, a llegar con más sentido y a generar peligro desde la segunda línea, justo cuando el desgaste físico de la defensa perica comenzaba a notarse.

El técnico alemán no dudó en sentar a tres de los cuatro delanteros iniciales como Rashford, Ferran y Raphinha. Ninguno había estado acertado, y apenas habían tenido protagonismo. Especialmente llamativa fue la posición de Raphinha en la mediapunta, un rol que no potencia sus virtudes, mucho más visibles cuando parte desde la banda izquierda. Le afectó tanto estar rodeado de contrarios, que apenas vimos acciones suyas. Hasta los cambios, más allá de Joan García, los mejores fueron Eric García y Pau Cubarsí, ambos parecían multiplicarse para intentar tapar las estériles embestidas del Espanyol.
Manolo González también movió el banquillo en el Espanyol, retirando a cuatro de sus hombres más ofensivos. Salieron Edu Expósito, Dolan, Pere Milla y Roberto, precisamente los que más daño habían hecho. Entraron jugadores de nivel como Terrats, Puado, Kike García o Jofre, lejos de ser sustituciones menores. Eso sí, después del derbi y viendo lo que son capaces de perdonar sus jugadores, quizás Europa se les queda grande.

La diferencia estuvo en la precisión y la calidad de una cantera que sigue siendo la mejor del mundo. Fermín López, ejemplar desde el banquillo, transformó la decepción en energía competitiva. Entró enchufado, intenso y decisivo. En los minutos finales se echó el equipo a la espalda con dos conducciones brillantes que acabaron en asistencias para Dani Olmo, autor de un golazo en su regreso tras lesión, y Lewandowski. Ambos suplentes, ambos determinantes y ambos formados en La Masía.
Flick ganó el partido desde el banquillo. No solo por los nombres, sino por entender cuándo y cómo cambiar el partido. Ayer el técnico alemán demostró que no se le caen los anillos para reconocer errores, y que es valiente para ser intervencionista. En Cornellà, el Barça volvió a enseñar al mundo que tiene pólvora hasta el último segundo… y un entrenador que sabe cuándo encenderla.

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