El RCDE Stadium, aun vestido de rojo, volvió a dar una imagen vergonzosa en su interminable historia de bochornos recientes.
Seguir a la Selección española podría empezar a catalogarse como deporte de riesgo. El RCDE Stadium se encargó ayer de manchar algo más que a su club, al que ya ha dejado por los suelos en más de una ocasión. Tras los mecherazos, insultos de todo tipo o invasiones de campo, el famoso Gol Norte periquito quiso volver a ser protagonista. Lo fueron al grito de «Musulmán el que no bote». Cientos y cientos de aficionados se hicieron eco en el estadio, aunque la mayoría se quedaron sentados y avergonzados. Fue justo después de los aplausos a Dani Jarque en el minuto 21. Imposible no sentir repulsión ante tal incoherencia.
Ese sentimiento se sintió en la grada, pero también en el césped. Especialmente en una figura del combinado de Luis de la Fuente. Lamine Yamal, abucheado por parte del estadio y afición que supuestamente debía apoyarle, estuvo visiblemente afectado por los cánticos racistas. Llegados a este punto Lamine tendría todo el derecho a tomar la decisión que quisiera respecto a su presencia con España. Su propia ‘gente’ mofándose de su religión. Algunos creen que la hostilidad en el recibimiento guarda relación con ser la estrella del Barça. Sin embargo, Pedri fue ovacionado como un dios del Olimpo. ¿Alguien puede negar que si la piel de Lamine y su religión fueran distintas sería el mayor ídolo de la Selección en décadas?

Por si no hubiera suficiente, Luis de la Fuente decidió que ayer era el día del debut de Joan García. En el clima más caldeado posible, el seleccionador no tuvo reparos en hacer debutar al guardameta. Nadie es tan ingenuo para desconocer lo que provocaría este movimiento en el estadio. De la Fuente el primero. Quizás para el bien de la Selección lo mejor hubiera sido otro escenario. Pero la realidad es que también muchos se levantaron y apoyaron al de Sallent.
Aunque parezca mentira, sigue habiendo aficionados que apoyan a la Selección y a sus jugadores. Independientemente del club en el que jueguen, el color de su piel o su religión. Y no, la libertad de expresión no ampara boicotear a tu equipo así. Pitar o mostrarse descontento por cuestiones deportivas es una cosa. Esta, una muy distinta y de una bajeza impropia para España, a la que cuesta seguir sintiendo apego. Unos pocos, pero muy ruidosos, quieren apropiarse de la Selección española a todos los niveles. Permitirlo sería un error imperdonable. La cuestión es hasta cuándo durará la indiferencia del resto.

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