En su segunda etapa como presidente del Barça, Joan Laporta y su directiva se han enfrentado a decisiones cruciales para el futuro del club.
Hace cinco años el Barça afrontaba uno de sus momentos más difíciles en lo que llevamos de siglo. La desastrosa gestión de Bartomeu, la pandemia y una terrible dirección deportiva llevaron al club a una posición verdaderamente complicada. En especial en el terreno económico, donde se sigue arreglando el caos precedente. Con esos ingredientes, la segunda presidencia de Joan Laporta no tardó demasiado en cocerse, aupada por el aún reciente recuerdo del mejor Barça de la historia. Uno que se construyó bajo su mandato y acabó desmoronándose a manos de las siguientes juntas.
De vuelta al presente, la realidad es que el Barça está en una situación mucho más cómoda que la que se encontró Laporta en 2021. No todo es (ni ha sido) de color de rosa, pero hay hechos que son incontestables: el club vuelve a competir por todo, la economía va sanando y el nuevo Camp Nou cada vez está más cerca. Aunque para llegar aquí se hayan producido sacrificios y errores imperdonables para muchos.
El dardo en el corazón…
La promesa que llevo a Laporta a la presidencia, al menos en gran medida, fue la de mantener a Leo Messi en el Barça. La historia es más que conocida: los problemas económicos derivaron en una situación límite entre Messi y el club, pero Laporta afirmó que el problema tenía solución. La realidad también es vox populi: el presidente incumplió su compromiso más grande con el culé, y el mejor jugador de la historia salió entre lágrimas de su casa. Cuánto más se pudo hacer por mantener a Messi en el Barça lo saben los protagonistas de la historia.

Tampoco se hicieron bien las cosas con Xavi, otra leyenda culé. Dejando de lado las cuestiones deportivas, su salida del Barça y la decisión de Laporta fue sorprendentemente impulsiva. Sobre todo teniendo en cuenta el contexto de aquel final de temporada. Por suerte para el presidente y la afición, los títulos no tardarían en llegar y la figura de Hansi Flick cambió el rumbo en todos los sentidos.
… y el ansiado renacimiento
Laporta quería un entrenador de la escuela alemana. Era pública su predilección de un proyecto liderado por una figura algo distinta a lo acostumbrado en Can Barça. E hizo realidad su idea con el fichaje de Flick, artífice del escandaloso 2-8 del Bayern al Barça. Tras la destitución de Xavi, era quizás la última bala de Laporta deportivamente hablando. Veinte meses después, el Barça tiene 4 títulos más en sus vitrinas y Flick ha convencido prácticamente a todo el barcelonismo.
A falta de saber cómo se acabará la presente temporada, el club vuelve a competir por todo, con los jugadores de la Masía como piezas fundamentales. Debido a su economía, el Barça no tenía muchas más opciones que confiar plenamente en su tan amada cantera. Y los resultados saltan a la vista: Lamine, Cubarsí, Fermín, Gavi o Balde han irrumpido en este mandato para demostrar que el fútbol base sigue siendo patrimonio inmortal del Barça. También han sido claves fichajes como los de Raphinha, líder indiscutible de este equipo, Lewandowski o el reciente Joan García. Todos ellos han apuntalado una plantilla que nada tiene que ver con la de 2021.

El nuevo hogar
En todas estas, durante este segundo mandato de Laporta el Barça ha visto como el viejo Camp Nou desaparecía. En el momento más crítico, se decidió seguir para adelante con el proyecto del nuevo Spotify Camp Nou, que, aunque de forma parcial, al fin abrió sus puertas el pasado mes de noviembre. Y si bien es cierto que los continuos retrasos y falsas esperanzas se le han ido de las manos a Laporta, el lavado de imagen del estadio era urgente. Aún queda para ver la obra en su máximo esplendor, pero la modernidad acabará llegando al 100% a los cimientos del Camp Nou.
Muy cerca del estadio se encuentra la otra casa culé, el Palau Blaugrana, donde las cosas no han ido tan bien en estos años. Ni se ha empezado la remodelación ni la economía de la sección tiene nada de lo que presumir (todo lo contrario). Aún con esa mancha, que reconoce el propio Laporta, la economía global del club ha mejorado en comparación a su llegada. La masa salarial, problema crucial para los intereses del club, ha pasado del 98% de los ingresos al 54%. Con esa cifra el Barça se ha ajustado a los parámetros marcados por la UEFA, solucionando una lacra demasiado alargada en el tiempo.

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