La estrella culé se quedó demasiado sola ante el Atlético de Madrid, una historia que se está repitiendo esta temporada
El FC Barcelona vivió una noche complicada en Europa por enésima vez. La derrota ante el Atlético en el Spotify Camp Nou pone cuesta arriba el pase a semifinales de la Champions League y la vuelta en el Metropolitano dictará sentencia para los de Flick.
Solo contra el mundo
El protagonismo ofensivo volvió a recaer casi exclusivamente en Lamine Yamal, que asumió galones en el momento más delicado. El extremo lo intentó de todas las maneras posibles: desborde, centros, disparos… pero siempre con la sensación de estar luchando contra todos sin el respaldo necesario de sus compañeros.

Raphinha, con quien se entiende a la perfección, no ha estado durante muchas fases de la temporada por lesión y, ayer, Rashford no estuvo acertado de cara a puerta. El plan del Atlético, dirigido por “El Cholo” Simeone, fue claro desde el inicio: cerrar espacios, doblar marcas sobre Lamine y obligar al Barça a buscar alternativas que nunca llegaron.
Una historia que se repite
Cada vez que el joven recibía el balón, tenía dos o tres rivales encima, consciente el conjunto rojiblanco de que era el principal foco de peligro. Y eso es lo normal. Como hacen casi todos los equipos ante el Barça, vigilan de cerca la banda derecha culé, sabiendo del peligro de Lamine.
El problema para los azulgranas es la falta de respuestas. Pedri parece que no está al nivel de hace unos meses, Raphinha lesionado, Rashford, Lewandowski y Ferran con la pólvora mojada y un Lamine que se queda demasiado solo. El equipo se volvió previsible.

Incansable
Mientras tanto, Lamine seguía insistiendo. Su actitud fue irreprochable, pidiendo el balón incluso en los momentos de mayor frustración, intentando generar algo distinto en un ataque completamente atascado. Pero en el fútbol de élite, el talento individual necesita acompañamiento, y ayer el Barça no estuvo a la altura.
A remontar en Madrid
Ahora, con la eliminatoria en contra, los de Hansi Flick están obligados a reaccionar. El partido de vuelta exigirá mucho más que individualidades: necesitará un equipo sólido, conectado y capaz de competir como bloque. Porque, si algo dejó claro la ida, es que Lamine, por sí solo, no puede contra todos.

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