Argentina vuelve a plantarse en la final del Mundial por segunda edición consecutiva, la tercera de Leo Messi
No sé si estoy despierto o tengo los ojos abiertos. Esas palabras de Andrés Calamaro en su aclamada canción «Te quiero igual» explican a la perfección como millones de argentinos y argentinas se sienten ahora mismo. Leo Messi, aquel marciano que decidió hacer historia en la Tierra, ha vuelto a clasificar a su país a una final del Mundial. Y lo ha hecho de la misma manera que lleva jugando al fútbol por más de 20 años, dejando a todo el mundo con la boca abierta.
Qué pesados somos los periodistas. Tan usada esa frase de que no quedan adjetivos para poder describir a Messi. Hasta parece ya redundante decir que este tío es el mejor futbolista de todos los tiempos. Lo saben aquí y en Venus. Por eso, esto no es un ejercicio de bravuconería periodística para intentar dejar un artículo inmenso que quede en la prosperidad. No es ni tan solo una oda a Lionel Andrés Messi. Es un acto de un servidor completamente desbordado con la situación.
Maldito sea Dios, si es que existe, que decidió plantarnos en la era en la que un hombre con dos piernas, dos brazos y una cabeza, cómo tú y cómo yo, nos iba a hacer cuestionarnos si el cielo realmente existe, si la vida es una simulación o incluso si el fútbol está guionizado por tal que el 10 siempre gane. Me sorprende, me abruma y me apasiona a partes iguales. Ver a Messi jugar es una mezcla de sentimientos incomprensible. Jamás pensé que podían convivir la angustia, el desasosiego y la euforia en un mismo corazón.

Que baje Dios y lo vea
El fútbol va a necesitar siglos para sobreponerse a la pérdida de su mayor exponente. Nada volverá a ser lo mismo cuando Leo Messi acaricie por última vez el balón. La pelota se sentirá sola, los estadios no rugirán de la misma manera y nosotros, los aficionados, no volveremos a encender la pantalla con la misma alegría. Alguien debería llamar a Infantino para decirle que a partir de ese momento el deporte pase a llamarse Messi, la pelota sea bautizada como ‘La Pulga’ y los campos pasen a tener siempre la palabra Lionel en su nombre.
Y lo más increíble es que aún nos queda un capítulo de este libro. Quizá el mejor de todos. El domingo a las 21 hora española la Argentina de Messi se medirá a la España de Lamine Yamal. El diez eterno contra el diez presente. Solo queda una cosa: disfrutar. Encended la televisión, preparad palomitas y agradeced la oportunidad de presenciar el mejor cierre de la historia, porque la película está a punto de acabar. Pase lo que pase, el olimpo ya tiene el trono de Leo Messi preparado. Ganar o perder será indiferente, porque las estrellas siguen brillando muchos años después de morir. Dicho esto, y volviendo a Andrés Calamaro, que el mundo sepa que acabe como acabe la final, Lionel Messi, «Te quiero igual».
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