Hansi Flick se ve obligado a gestionar el cansancio de una plantilla al límite para no hipotecar la temporada frente al Newcastle.
Tras el desgaste extremo en Newcastle, el Barça llega al momento clave del curso con el depósito en reserva y la sensación de que, si no levanta el pie del acelerador ahora, el motor podría gripar. Lo de Saint James’ Park fue un aviso serio: Marc Bernal pidiendo el cambio por calambres, Pedri sin fuelle para terminar el partido y un Raphinha al que todavía se le nota que le falta un punto de chispa tras su regreso.
Con la vuelta de la Champions a la vuelta de la esquina —donde el equipo se juega la vida— y el Newcastle amenazando con un despliegue físico brutal, el partido del domingo contra el Sevilla en el Spotify Camp Nou huele a rotaciones masivas. Flick ha sabido tocar la tecla de los cambios durante todo el año, pero esta vez no son «retoques», es una necesidad médica.

El rompecabezas de Flick no es sencillo
Sin Balde ni Koundé, y con Eric Garcia entre algodones por una sobrecarga, el técnico alemán tiene poco donde elegir en la línea defensiva. Aun así, el joven Xavi Espart podría ser la solución de emergencia tras su gran debut en tierras inglesas. En la medular, el cansancio acumulado de Fermín abriría la posibilidad para que Marc Casadó y Dani Olmo dieran un paso al frente y permitieran que los titulares habituales cojan aire. Arriba, no sería extraño ver a Lewandowski descansando en el banquillo para que Ferran Torres salga de inicio. Además, Marcus Rashford apunta a titular para ocupar el sitio de Raphinha, buscando repetir la diana que ya le coló al Sevilla en la ida.
En definitiva, Flick tiene que hilar muy fino. El domingo toca hacer equilibrismos con la plantilla para no pinchar en Liga, pero con un ojo puesto irremediablemente en la batalla del miércoles, donde el Barça no tiene red de seguridad.

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