El extremo brasileño pasa por una mala racha en la que, a pesar de no parar de intentarlo, las cosas no terminan de salirle todo lo bien que le gustaría
La ida de octavos de final ante el Newcastle dejó varias lecturas claras sobre el FC Barcelona, como la falta de efectividad arriba, la dependencia al juego de Pedri o que Araujo tiene una cruz con la Champions League. Pero una de las más claras y preocupantes para los blaugrana, es que Raphinha no atraviesa por un buen momento y es algo que se pudo evidenciar en la propia actitud del brasileño en los últimos minutos de este partido de ida.

Lesiones
Durante esta temporada, el extremo ya se ha perdido 13 partidos debido a repetidas lesiones en su muslo, lo que le ha impedido mantener la regularidad que le caracterizaba en las campañas pasadas. Y, a pesar de que haya firmado un buen arranque de temporada, en el que suma 14 goles y 5 asistencias, es evidente que el atacante no atraviesa su mejor momento deportivo y que le está costando volver a esa dinámica que mantenía antes de las lesiones. Ya llevaba varios encuentros en el que se le veía algo disconforme con su rendimiento o más cabizbajo de lo normal, pero el partido de la ida de los octavos de final de la Champions ante el Newcastle ha sido la gota que ha colmado su vaso.
Antes incluso de que se pitara el penalti sobre la bocina a Dani Olmo, para que luego Lamine lo materializara y consiguiera empatar la eliminatoria, se pudo ver cómo Raphinha rompía su camiseta de la frustración por el partido que había cuajado el FC Barcelona, así como el suyo propio. Una muestra más de su descontento con la situación que está pasando.
Punto de inflexión
El gol ante el Atlético de Madrid pudo haber significado un cambio de tendencia en su juego, pero no ha conseguido reengancharse a su juego habitual. Esto, con lo autoexigente que es el capitán del Barça, no le parece suficiente y sabe que puede dar más, lo que da fruto a su nerviosismo por ese querer y no poder.
Él es consciente de que es un jugador muy fuerte mentalmente y que ha demostrado ser uno de los mejores del planeta. Por eso se le vio visiblemente cabreado tras el pitido final en el último compromiso de su equipo, porque conoce de su capacidad pero está en ese momento en el que a pesar de sus intentos, el cuerpo no le responde como acostumbra.
Si hay algo seguro en este deporte es que da segundas oportunidades y aquí el brasileño es cuando puede dar un paso adelante. Todavía estamos en marzo, con el tramo más crucial de la temporada por llegar y con el equipo líder en Liga y vivo en Champions, la tarea pendiente del Club desde aquella cosechada en la 14/15, con la MSN como protagonista.
Incansable
Teniendo en el equipo a un jugador tan incansable en esfuerzos, está claro que no tirará la toalla tan fácil y que a pesar de que le estés costando arrancar ahora mismo, encontrará su mejor versión en el momento preciso que más se le necesite. Algo que ha demostrado repetidamente en los últimos años, siendo el único jugador que creía en situaciones adversas y terminó siendo quien contagió al grupo.
Raphinha no porta el brazalete por casualidad y en el periodo en el que está todo por decidirse, lo más seguro es que veamos un cambio de dinámica en su juego. La parroquia blaugrana le necesita, así como él a ellos. Una comunión que ha conseguido que el Barça haya sacado una faceta imponente que hacía años no se vivía. Por lo que hace muy dífícil no estar convencido de que el mejor Raphinha está por venir a dejar muchas alegrías a la afición culer.

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