A pesar de los flagrantes errores arbitrales, el Barça no puede ni debe dar sensaciones de impotencia. A menos que quiera ganar algún título.
«Cabeza baja y autocrítica». Pau Cubarsí, en sus declaraciones posteriores al partido para DAZN, acertó al dejar claro que el Barça no hizo lo suficiente para ganar al Girona. Sin embargo, ni empezar hablando del árbitro, ni mantener una actitud de resignación son el camino a seguir si el objetivo es revalidar el campeonato.
El Barça dio la sensación de que ayer no se podía ganar en Girona. Y eso es imperdonable en cualquier club, pero más en un equipo que aspira a todo. Más allá de la polémica victoria del Real Madrid ante la Real Sociedad y los piscinazos de Vinicius, el Barça no puede caer en la trampa. Por muy fácil que sea. Lamine Yamal no debe chutar su penalti con un gesto que denota que algo no va bien. El equipo dependía de si mismo para ganar esta Liga, y ayer se perdió una ventaja que puede ser decisiva para las opciones de título. O se cambia esto de inmediato o los fantasmas del pasado se harán más reales que nunca. Los parecidos con la temporada 23-24 empiezan a sobrevolar, y ponerse el manto de víctimas no suele acabar bien para el Barça.
Las últimas dos derrotas seguidas han puesto en evidencia algo que se intuía. Y es que, a pesar de llegar a ganar 17 de 18 partidos, este Barça ha sido muy irregular en muchos aspectos, capaz de lo mejor y lo peor en cuestión de segundos. Ni la vuelta de Raphinha (veremos si la de Pedri) es capaz de cambiar las preocupantes deficiencias a las que se ha acostumbrado el equipo.

A Flick le ha llegado su mayor reto desde que está en el banquillo culé. La falta de concentración continua, y la inexistente defensa y poca creatividad en el juego hacen que se pregunte algo que era incuestionable el año pasado: ¿Sigue creyendo la plantilla en el tan elogiado y ahora controvertido sistema del alemán? Varias voces apuntan que desde el vestuario se vería bien alterar la forma de afrontar determinados encuentros, al menos los más señalados del calendario. La realidad es que si el Barça sigue así en el campo, es imposible ganar ninguno de los tres títulos en juego. A no ser que se recupere, como mínimo, la cabeza alta de la temporada pasada. Esa que tantos partidos perdidos salvó a Flick.

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