El Barça vence al Real Oviedo en un partido marcado por el frío, la lluvia y las dudas en el juego
La nieve y el frío polar sacudieron ayer la ciudad de Barcelona, obligando a varios ciudadanos a quedarse en casa y hacer el plan más adecuado: sofá, manta y peli. Y seguro que los futbolistas del Barça también hubieran preferido ese plan. El frío inundó los ánimos de un Camp Nou que, para colmo, estuvo caldeado desde el principio con las decisiones arbitrales y los constantes parones en el juego. Y claro, si uno está frío, contra más tiempo se queda quieto, menos se calienta.
Y si el mejor amigo del humano en invierno es la caldera, en el fútbol ese sería el gol, sin importar la estación, obviamente. Pero hacer amigos nunca es fácil, sobre todo si acudes a una fiesta solo, sin nadie en quien poder apoyarte. Siempre necesitas aquel amigo al que, da igual cómo estés o lo que necesites, siempre puedes acudir para que te saque las castañas del fuego. Y así se sintió hoy el Barcelona sin Pedri. Sin él, el Barça se sintió indefenso, plano y tímido incluso. Cuando tuvo la oportunidad de atacar, todo era demasiado rápido, acelerando cuando había que pausar, y al revés. Y en defensa, el equilibrio se sintió inexistente, como si los jugadores, llenos de nostalgia, dejaran el hueco en el campo donde se suponía que tenía que estar el canario.

Segundas partes ¿nunca? fueron buenas
La estufa que tendrán en el vestuario local del Camp Nou hizo su trabajo. En la segunda parte los culés salieron calientes, con ganas de morder y recuperar el liderato. Y como el que la sigue la consigue, el trabajo dio sus frutos. En dos acciones de presión alta, Dani Olmo y Raphinha anotaron dos goles en apenas cinco minutos que calmaron la tensión y ansiedad que se respiraban en el estadio. A partir de aquí todo fue coser y cantar. El Barça encontró todo aquello que no podía en la primera mitad: la sinvergonzonería de Lamine Yamal para marcharse de sus oponentes con suma facilidad, la paciencia de Casadó para distribuir sin prisa, el nervio de Fermín y los cánticos de la grada.
Entonces llegó el broche. Lamine marcó ese gol que todos sueñan de pequeños jugando en la plaza del barrio. Su tijera selló definitivamente la victoria y su participación en el campo, ganándose la ovación de un Camp Nou rendido a sus pies. Una ovación que también se llevó Santi Cazorla, uno de esos jugadores de la vieja escuela que allá donde vaya será siempre respetado. Incluso la lluvia (y el granizo) quiso sumarse a la fiesta para acompañar a los 44.763 asistentes que acudieron al primer partido del Camp Nou de 2026, donde no jugaba el Barça desde el 13 de diciembre, en una victoria por 2-0 contra Osasuna.

Liderato, rotaciones y Champions League
En definitiva, un partido donde se hicieron los deberes. El Barça recuperó el liderato y varios jugadores tuvieron minutos para poder mantener una buena dinámica de juego. Marc Casadó disputó por primera vez en toda la temporada los 90 minutos; Marc Bernal disfrutó los últimos 15′; Roony le dio descanso a Lamine Yamal en el minuto 80, y João Cancelo jugó su primer partido como titular en su vuelta a Can Barça.
Ahora los de Hansi Flick cuentan con tres días para poder cargar las pilas antes del partido decisivo de Champions League contra el Copenhague que se jugará también en el Camp Nou, donde se disputarán poder entrar al TOP-8 y clasificar directamente a los octavos de final de la máxima competición europea.

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